En la mitología griega, las sirenas (Griego en singular: Σειρήν Seirēn; Griego en plural: Σειρῆνες Seirēnes) fueron criaturas tan bellas como peligrosas mostradas como mujeres fatales que atraían a los marineros cercanos con su música y voces encantadoras para naufragar los barcos en la costa rocosas de su isla. Los poetas romanos los situaron en las pequeñas islas llamadas Sirenum scopuli. Poco después, en tradiciones racionalizadas, se fija la geografía literal de la isla "florida" de Antimusa a veces en la Punta del Faro en Sicilia y otras en las islas conocidas como le sirenuse (o de Li Galli), cerca de Paestum y Capri. Todos estos lugares estaban rodeados por acantilados y rocas.

Etimología.
Se discute la etimología del nombre. Robert S. P. Beekes sugirió un origen pregriego. Otros conectan el nombre a σειρά (seirá "cuerda") y εἴρω (eírō "atar"), resultando en el significado "atadora, enredadora", es decir, la que ata o enreda a través de una canción mágica. Esto puede estar conectado con la famosa escena de Odiseo atado al mástil del barco para resistir la canción.
APARIENCIA
Se creía que las sirenas combinaban características de aves y mujeres. En el arte griego temprano, las sirenas eran representadas como aves con grandes cabezas femeninas, grandes plumas y pies escamosos. Posteriormente, se le representaban como figuras femeninas con piernas de ave, con o sin alas, tocando distintos tipos de instrumentos musicales, especialmente arpas. En la enciclopedia bizantina del siglo X de Suda dice que de pecho hacia arriba tenían forma de gorriones y por debajo de mujer o, alternativamente, que eran pequeñas aves con rostros femeninos


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